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Goya
El actor y realizador Raúl Arévalo y la productora Beatriz Bodegas posan con los premios a mejor director novel y mejor Película por ‘Tarde para la ira’ / EFE

La gran noche del cine

“Tarde para la ira” de Raúl Arévalo se lleva cuatro goyas, entre ellos mejor película.

El Autónomo Digital. Raúl Arévalo ha inscrito su nombre con letras grandes en la historia de los premios Goya. Y es que Tarde para la ira, la ópera prima en la dirección de este popular actor de 37 años, se ha llevado el premio más importante de la noche; mejor película, además de mejor guión original (Arévalo y David Pulido), dirección novel (Arévalo) y actor de reparto para Manolo Solo.

La otra gran triunfadora de la ceremonia ha sido Un monstruo viene a verme, de Juan Antonio Bayona, que ha arrasado con nueve de los doce ‘cabezones’ a los que estaba nominada: dirección, fotografía, maquillaje, dirección artística, dirección de producción, música original, efectos especiales, sonido y montaje.

El hombre de las mil caras, con once nominaciones, se ha tenido que contentar con dos premios: mejor actor revelación para Carlos Santos y mejor guión adaptado.

  1. Los últimos de Filipinas tenía nueve y ha obtenido uno, el de mejor diseño de vestuario para Paola Torres.

Julieta, que partía con siete, se ha llevado el de mejor actriz para Emma Suárez.

Que Dios nos perdone, con seis, solo ha tenido un triunfador, Roberto Álamo.

Y la comedia de Paco León Kiki, el amor se hace, se ha ido de vacío.

La gala fue conducida por tercera vez por un Dani Rovira que salió al escenario del auditorio del Madrid Marriott Hotel de forma muy enérgica, reivindicando el valor del número tres.

El color musical lo aportó la Film Symphony Orchestra, que amenizó una velada bastante ágil, sobria y con muchas loas a la profesión, pese a la precariedad que vive. No fue una ceremonia combativa y lo que más se ha destacado es la falta de trabajo en un oficio al que los políticos dedican muy poco tiempo, como recordó el protagonista de Ocho apellidos vascos. Otra de las reivindicaciones que más sonaron fue la presencia de más papeles femeninos en el cine.

La presidenta de la Academia, Yvonne Blake, ofreció su primer discurso en el cargo agradeciendo a “todos los espectadores que nos apoyan y vieron películas españolas”, al mismo tiempo que volvió a pedir un pacto de Estado para el cine. Tanto Blake como el vicepresidente Mariano Barroso subrayaron que el cine “no vive del Estado”.

Y Ana Belén, quinto goya de honor a una mujer en 31 ediciones, recogió emocionada su premio a toda una carrera y pidió más consideración con el séptimo arte, tan “desprestigiado por los gobernantes”.

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